Aunque nunca preguntó y hacía años que sospechaba, este chaval sabía que su madre no debía tener un trabajo muy digno ya que no quiso decirle nunca en qué trabajaba. Un buen día llegó a casa y se encontró la escena: la madura con una cara de guarra descomunal mamando la polla de un negro, que además era un conocido del barrio. Lo peor de todo es que ella ni se inmutó porque estaba harta de camuflar su verdadera profesión de prostituta. El chico se sentó en el sofá amargado y contempló la escena de principio a fin