Esta parejita trabajaba en una empresa textil y siempre salían a almorzar juntos. Con la coña él siempre le tiraba los trastos a la madurita y la sobaba porque hacía tiempo que se había divorciado y sabía que debería de estar cachonda buscando una polla joven. Ella se hacía la tonta y, pese a que le seguía el juego, tampoco hacía mucho por follárselo, hasta que un día lo miró seriamente y le dijo: ¿quieres follarme?. El chaval vió su sueño cumplido y se la llevó a su piso ya que vivía solo, lo que no imaginó es la poténcia que tenía la hembra y cómo le dejó el capullo saltando encima de su polla como una loca...