Lo que primero fué por lástima, se convirtió en placer y vicio. La señora Ana perdió a su marido hace 2 años y desde entonces estaba triste y ni salía a la calle. Yo era empleado de su difunto marido y le hacía compañía porque sabía que lo estaba pasando mal. Un día que la animé a beber para que se evadiera y que se lo pasara bien un rato, después de una botella me soltó que le comiera el coño. A mi no me gustaba pero cuando vi semejante raja, empecé a comerla con gusto y luego se me fué la vida en ello.