Cuando un rol es consentido no hay problemas que valgan y por eso esta relación entre abuela y nieto funciona a las mil maravillas. La señora se aburre por la soledad que le da la viudedad y siempre le ha ido la vida alegre, el nieto es un jeta y un salido. Dándose estas circuntancias, el joven saca del fogón unos minutos a su abuela para tener un rato de sexo diferente y la abuela encantada. Una vez se corren juntos, ella vuelve a sus quehaceres y él prepara el estómago para otro suculento bocado, pero esta vez no tan viejo...