Casi todas las historias de lesbianas suelen comenzar de la misma manera, unas miradas furtivas, unas sonrisas, gestos de complicidad y un acercamiento sospechoso como si se quisiera averiguar la temperatura corporal. Entre ellas saben bien que cuando están cachondas su sexo desprende un calor notable y las caderas se mueven de una forma distinta durante la conversación y si encima cuando una habla la otra le mira los labios como con ganas de besarlos, son señales inequívocas de lo que realmente se pretende.