Cuando llegue al café la situación era aun peor de la que había imaginado. Carmen ya se había ido a casa y era Luís el que estaba detrás de la barra, una partida de cartas en la zona mas tenebrosa del local y dos señoras tomando una infusión en una mesa cerca de la entrada, es decir, cero posibilidades de tener una noche de lunes diferente a la de otras semanas pasadas...
Se nota que la madurita ya le hacía falta pillar a un negro y no ha tardado mucho en cepillárselo después de tener el divorcio en mano. Su respiración y jadeo es preocupante porque menudo vicio, desde luego el negro no se queda corto y le da mucha caña para dejar bien alto el listón y poder repetir muchas veces más, una madurita así no se la folla uno todos los días...