Desde que probé por primera vez follar con una vieja, cada día que pasaba miraba con otros ojos a mi abuela. Siempre se ha conservado bien y me atraía irresistiblemente, hasta el día que conseguí llevármela a la cama. Fué más fácil de lo que pensaba y desde el primer día me corrí dentro de ella, es un placer indescriptible y además con la tranquilidad de que nunca la podré preñar.