Aunque lo de ser un marrano lo llevan todos los tíos en la genética, este jovencito conoció los placeres carnales, y nunca mejor dicho, de su vecina de enfrente. La señora es una madura gordita y soltera que lleva toda su vida viviendo sola y se decía de ella que era prostituta. Tan desencaminados no estaban ya que, aunque no lo fuera de profesión, ejercía de ramera iniciando a los jovenes en el terreno sexual y de una forma muy guarra.